Descripción
Cada día como si fuera un verso alberga un compendio de desgarros que destilan amargura y esperanza y es, sobre todo, un agradecimiento a todas y a todos quienes nos siguen apoyando y se acuerdan de Mikel, que está con nosotros en cada recodo de nuestras vidas.
Aportar mi granito de arena para acabar con el bullying y el ciberbullying —su hermano gemelo— es uno de los propósitos principales de mis poemas, cincelados con la tinta de quien no se dio cuenta del sufrimiento de su hijo y al que nunca pudo ayudar. Visibilizar que alguien está sufriendo acoso y terminar con el silencio cómplice para poder arropar a la víctima y salvarla es la clave. Hacia ello hay que encaminar todos los esfuerzos, ya sea implantando protocolos de actuación en las aulas o controlando el uso del móvil, sin olvidar la responsabilidad de las instituciones, la de los acosadores y la de sus familias, ni la de los centros escolares, que en la mayoría de las ocasiones intentan ocultar los casos de acoso para evitar su desprestigio y contra los que hay que tomar medidas contundentes. Nada es suficiente para erradicar esta lacra, a la que nadie es inmune y que cada pocos días añade una víctima más a su macabra e interminable lista.
Estas letras están dedicadas a todas y todos los chicos y chicas que se nos han ido y a cuyos seres más cercanos envío desde aquí todo mi cariño y apoyo para soportar el dolor de sobrevivir a la ausencia. Mikel, Jokin, Kira, Alejandro, Ilan, Mateo, Lucía, Unai, Laura, Sandra, Sara… Siempre con nosotros, beti elkarrekin. Eskerrik asko, maitia, por los dieciséis años que nos regalaste. Estos poemas, como todo en mi vida, van por ti.
76 pg
15 *21 cm
tapa blanda con solapa



